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Nadie hace caso a su nombre porque cuando lo visitas es imposible no contárselo a todo el mundo. Hoy en La Ruta Martin Cooper os hablamos de uno de los speakeasy más auténticos de Nueva York: Please, don´t tell. Antes de nada, si vas a buscarlo fíjate bien en la dirección porque si no sabes dónde está no lo vas a encontrar. Este pequeño rincón clandestino se ha convertido en un gran homenaje a los tiempos de la Ley Seca. Su acceso no puede ser más divertido. Lo primero que tienes que hacer es dirigir tus pies hacia el East Village y no te detengas hasta toparte con su famoso rótulo con forma de salchicha con el mensaje “eat me”.

Una vez frente a él, abre la puerta y entra en Crif Dogs, un diminuto local de perritos calientes. Busca asiento y disfruta de tu hot dog en la barra, como manda la tradición. Si vas con amigos que no saben nada acerca de Please, don´t tell quizá se extrañen de que hayáis recorrido media ciudad solo para tomar un perrito caliente, por muy bueno que esté. Ahora toca descubrir la entrada secreta. Al fondo del local hay una antigua cabina, de esas con puertas de madera. Y un teléfono rojo colgado de la pared. Descuelga, marca el 1 y espera a que contesten.

Ahí es cuando la pared se abre y te encuentras ante uno de los bares de cócteles más sofisticados de Manhattan. Su bajísima iluminación hace que alguna de sus esquinas estén casi en la más completa oscuridad, algo que permite la privacidad de su clientela más VIP –son varias las celebridades enganchadas a la magia de Please, don´t tell–. En las paredes, varias cabezas de animales disecados le dan un toque kitsch.

Como cócteles, recomendamos alguna de sus excentricidades más famosas, como su Old Fashioned con infusión de bacon o el trago con leche de cereales de Momofuku.

¿Qué accesorios Martin Cooper elegiríamos para una noche clandestina? Nuestra corbata Think Pink y nuestro billetero Smart Black. Una combinación perfecta que hará que nos sintamos como el mismísimo Humphrey Bogart.

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